Con el rostro reposado en el cemento, los pies tienen heridas y ya no luzco lúgubre. No.
Algo ha cambiado, algo ha tenido que morir. Los planes, proyectos, todo.
Semi Independiente, casi segura, un poco más fuerte, y con más vida en el alma.
Se vuelven malos sueños con un pésimo clima para navegar sin timón alguno y sin viento frío.
Viví, sobreviví cuatro estaciones en un hoyo, con poco aire, construido con plástico, con seres con cuerpos de ovejas y mentes de robots. Todos hacinados, golpeándose los unos a los otros, luchando por ser el primero en volar en el tren de los rostros caídos, mientras sudan desilusiones y arrastran sus penas con tarjetas de felicitaciones.
Aún conservo mis canciones, aún canto en las noches, aún sonrío a vagabundos, aún cierro los ojos cuando el sol me ataca directamente en las calles. Aún tengo fuerza.
La vida nos enseño a mirar en todas direcciones y escoger. No debo temer, tomaré todo lo que pueda, porque esto es nuestro, es nuestro teatro, es nuestro retrato a color, es nuestra melodía colectiva.


